Estos días se celebra el 60 aniversario de la independencia de Israel. Ella fue proclamada el 14 de mayo de 1968 por David Ben Gurior. Además de este referente histórico importantísimo, se da un factor muy importante y decisivo en el pueblo judío: su lucha organizada. En estas tres palabras es tan importante el adjetivo como el sustantivo. Sin duda, la organización, llevada a cabo desde las primeras aliás, ha sido fundamental para que los judíos consiguiesen aquello que tanto ansiaban: el dominio de su Tierra Santa. Era un pueblo que necesitaba una tierra, un lugar que compartir y que, sobre todo, fuese suyo y, ¿qué mejor que la tierra que se le prometía en la Biblia? Antes de empezar a explicar su modo de organizarse destacar en primer lugar el papel de Haim Weizman que, además de participar en la que sería la más importante institución judía, fue el propulsor de la declaración de Balfour en 1917. En ella, lord Balfour, ministro de Gran Bretaña, declaraba a favor del establecimiento en Palestina de un “hogar nacional judio”. Este fue el disparo de salida. Se podría decir que la bala era Weizman y que quien apretó el gatillo fue Theodor Herlz, fundador de la Organización Sionista Mundial en 1897.
A partir de esta declaración, la, bendita para los judíos y maldita para los palestinos, organización no ha parado hasta hoy. Se crean el sindicato Histadrut y la la Haganá (defensa) entre 1919 y 1920. En 1925 se inician las clases en la Universidad Hebrea de Jerusalem, algo esperado en una sociedad tan instruida y que aumenta el traslado de intelectuales desde Europa del Este. Cuatro años más tarde se constituye la Agencia Judía y su primer presidente es Weizman, presidente también desde 1920 de la Organización Sionista Mundial. Esta institución se convirtió en una especie de gobierno judío oficioso hasta la declaración de Independencia. Todos estos factores hicieron que el pueblo israelí se situase en un escalón superior a los palestinos, ya que uno de sus mayores problemas era la ausencia de unidad y, por lo tanto, la imposibilidad de crear estos organismos.
Por otra parte, los palestinos no dejaban de sentirse explotados por todos: por los otomanos, por los británicos y después por los judíos. Al principio la convivencia de los dos pueblos no fue violenta, pero, a partir de la administración británica después de la I Guerra Mundial, la situación cambió. Las tensiones entre palestinos, judíos y británicos empezaron a ser más latentes.
Tras la II Guerra Mundial y la Shoah ningún estado se opuso a que las Naciones Unidas le otorgasen Palestina a los judíos. Era un pueblo doliente desde siempre y después del Holocausto más. Este hecho agotó la paciencia de los palestinos. El 15 de mayo, un día después de la proclamación de la independencia, Israel fue atacado por una coalición militar árabe (Líbano, Siria, Irak, Transjordania y Egipto). Sin embargo, Israel salió vencedor porque estaba mejor armado y tenía más efectivos.
A partir de este momento, la violencia se ha multiplicado entre estos dos pueblos. Los judíos han impuesto su ley en Palestina y la humillación sobre la población árabe es una actividad habitual en aquellas tierras. Esta humillación queda reflejada en el documental Checkpoint, del israelí Yoav Shamir. En él se nos muestra el trato que ofrecen los policías fronterizos israelíes a los palestinos en la franja de Gaza. En el puesto fronterizo de Aran (región de Ramallah), uno de los soldados declara que los palestinos son como los “animales encerrados del Discovery Channel”. “Nosostros no, nosostros somos humanos”.
Pero a pesar de esta incomoda situación entre los dos pueblos, más incomoda para unos que para otros, y de la violencia que ha supuesto, sobre todo después de que la sociedad palestina haya empezado a confiar en grupos como Hamas que les hacen sentirse protegidos tanto militar como socialmente, Israel y Palestina han intentado negociar siempre la paz hasta que hace 7 años se cerraron las negociaciones. Sin embargo, la esperanza volvió a aparecer, aunque tímidamente, en noviembre del año pasado con la Cumbre de Annapolis, en la que las conversaciones se reestablecieron con EE.UU. como mediador. El objetivo: crear un estado palestino. Sin embargo, marcaron el plazo en enero del próximo año, fecha en la que Bush abandonará el poder en EEUU, y no parece que vaya a ser posible. De hecho, en el viaje de Bush a Jerusalén para la conmemoración del estado israelí, ni siquiera fue nombrada esta cumbre. Como decía, esperanza pero tímida
jueves, 29 de mayo de 2008
Una sonrisa

Fecha: 20/05/08
Ayer fue noticia el Tibet y, como excepción, no por algo negativo. En todos los medios apareció la información de que por primera vez unos monjes tibetanos pudieron relatar ante un juez sus duras experiencias. Palden Gyatso, autor del conocido libro Fuego en la Nieve, Jampel Molan y Bahgro se presentaron en la Audiencia Nacional de Madrid ante el juez Moreno y pudieron explicar las torturas que han sufrido de mano del gobierno chino.
Sin embargo, en realidad no eran los primeros. Thubten Wangchen, director de la Casa del Tíbet de Barcelona, ya lo había hecho hace unos meses. De hecho, sus declaraciones provocaron la ira de China y esto fue lo que impidió que Gyatso y sus compañeros pudiesen testificar desde India, país en el que se encuentran exiliados. Lo debían hacer a través de una comisión rogativa, pero el gobierno de Delhi se negó. Estos monjes serenos y luchadores decidieron que si tenían que viajar a Madrid, lo harían, porque esta oportunidad no se les podía escapar.
Con motivo del juicio y de la conferencia que Gyatso ofrecía hoy en la Casa del Tíbet, me dirigí a medio día hacía allí para entrevistar a Wangchen y utilizar sus declaraciones para una crónica de radio. Cuando llegué, el local aún estaba cerrado. Unos chicos que traían una tele para la Casa del Tíbet timbraban en el telefonillo de al lado. Yo hice lo mismo. Cuando subí, me abrió la puerta un monje tibetano con el traje tradicional y me preguntó si era la estudiante que había llamado. “Sí, soy yo, encantada”: Él sonrió y me condujó por un pasillo en penumbra, al final del cual estaba la oficina de un hombre rechoncho y claramente occidental. “¿Eres la estudiante de la Pompeu? Pues entrevista a Thubten, él es nuestro director”, me decía señalándome al monje que me había abierto la puerta. En ese momento me sorprendí, había pensado que aquel monje sería un ayudante, pero no el propio Tubthen.
Tubthen seguía sonriendo. La sonrisa dibujo su cara la mayoría del tiempo que me dedicó. Me llevó a su despacho y allí tuvimos una charla amena y distendida, en la que me habló del poder de China y del pavor del resto de países a enfurecer a una potencia como ella. “Nadie querer enfadar a China… Lo económico por encima del derecho humano…Esto es punto negativo para el hombre, jeje…”. Frases similares invadieron todo su discurso, al igual que esa sonrisa intermitente que ya he mencionado. Sus ojos: plenamente cerrados en casi toda la conversación. Su sonrisa: confidente de algo que los dos conocíamos y que hay que soportar con la mayor dignidad posible.
Me fui de allí flotando, con una sensación extraña. Ese pequeño hombre de habla titubeante había sobrepasado la barrera que existe entre dos extraños. Sentí que debía involucrarme, que era un tema importante. Por la tarde, fui a la conferencia. Me gustó. Gyatso actuaba de un modo similar a Wangchen, aunque era más serio. Contó muchas experiencias y dio muchas opiniones coherentes con las que estaba de acuerdo. La gente que asistía se veía muy tranquila, algo extraño en este tiempo de prisas. Los jóvenes eran pocos. Una vez más, salí de allí con un halo positivo. A la salida me compré una chapa y firmé en un manifiesto. Espero que no se quede todo aquí.
Ayer fue noticia el Tibet y, como excepción, no por algo negativo. En todos los medios apareció la información de que por primera vez unos monjes tibetanos pudieron relatar ante un juez sus duras experiencias. Palden Gyatso, autor del conocido libro Fuego en la Nieve, Jampel Molan y Bahgro se presentaron en la Audiencia Nacional de Madrid ante el juez Moreno y pudieron explicar las torturas que han sufrido de mano del gobierno chino.
Sin embargo, en realidad no eran los primeros. Thubten Wangchen, director de la Casa del Tíbet de Barcelona, ya lo había hecho hace unos meses. De hecho, sus declaraciones provocaron la ira de China y esto fue lo que impidió que Gyatso y sus compañeros pudiesen testificar desde India, país en el que se encuentran exiliados. Lo debían hacer a través de una comisión rogativa, pero el gobierno de Delhi se negó. Estos monjes serenos y luchadores decidieron que si tenían que viajar a Madrid, lo harían, porque esta oportunidad no se les podía escapar.
Con motivo del juicio y de la conferencia que Gyatso ofrecía hoy en la Casa del Tíbet, me dirigí a medio día hacía allí para entrevistar a Wangchen y utilizar sus declaraciones para una crónica de radio. Cuando llegué, el local aún estaba cerrado. Unos chicos que traían una tele para la Casa del Tíbet timbraban en el telefonillo de al lado. Yo hice lo mismo. Cuando subí, me abrió la puerta un monje tibetano con el traje tradicional y me preguntó si era la estudiante que había llamado. “Sí, soy yo, encantada”: Él sonrió y me condujó por un pasillo en penumbra, al final del cual estaba la oficina de un hombre rechoncho y claramente occidental. “¿Eres la estudiante de la Pompeu? Pues entrevista a Thubten, él es nuestro director”, me decía señalándome al monje que me había abierto la puerta. En ese momento me sorprendí, había pensado que aquel monje sería un ayudante, pero no el propio Tubthen.
Tubthen seguía sonriendo. La sonrisa dibujo su cara la mayoría del tiempo que me dedicó. Me llevó a su despacho y allí tuvimos una charla amena y distendida, en la que me habló del poder de China y del pavor del resto de países a enfurecer a una potencia como ella. “Nadie querer enfadar a China… Lo económico por encima del derecho humano…Esto es punto negativo para el hombre, jeje…”. Frases similares invadieron todo su discurso, al igual que esa sonrisa intermitente que ya he mencionado. Sus ojos: plenamente cerrados en casi toda la conversación. Su sonrisa: confidente de algo que los dos conocíamos y que hay que soportar con la mayor dignidad posible.
Me fui de allí flotando, con una sensación extraña. Ese pequeño hombre de habla titubeante había sobrepasado la barrera que existe entre dos extraños. Sentí que debía involucrarme, que era un tema importante. Por la tarde, fui a la conferencia. Me gustó. Gyatso actuaba de un modo similar a Wangchen, aunque era más serio. Contó muchas experiencias y dio muchas opiniones coherentes con las que estaba de acuerdo. La gente que asistía se veía muy tranquila, algo extraño en este tiempo de prisas. Los jóvenes eran pocos. Una vez más, salí de allí con un halo positivo. A la salida me compré una chapa y firmé en un manifiesto. Espero que no se quede todo aquí.
sábado, 10 de mayo de 2008
El hermetismo que provoca muertes
Es increíble ver como se está dejando morir a miles de personas sólo por el deseo del mantenimiento del poder por parte de un gobierno. Esta semana hemos visto como la Junta Militar de Myanmar ha obstaculizado la entrada en su país de los equipos humanitarios de la ONU, pese a que su zona sur ha quedado destrozada debido al ciclón Nagris.
Desde el principio, además de la ayuda de sus amigos Tailandia, India y China, Myanmar aceptó la de las Naciones Unidas, pero no a su personal especializado que debe valorar la situación sobre el terreno. Un avance, ya que en 2004 tras el tsunami no admitieron apoyo alguno. Ayer aviones de la ONU y de la Cruz Roja pudieron aterrizar en Yangon, la antigua capital birmana. Además, EEUU confía en que acepten la llegada de 4 aviones cargados de ayuda. Sin embargo, esta apertura se hace demasiado tarde. Los días iniciales tras una catástrofe son cruciales, y éstos han pasado ya. Además, la ONU acusa al gobierno militar de apropiarse de 38 toneladas del apoyo humanitario ya enviado.
El hermetismo al que está sometida la sociedad birmana sale así una vez más a la luz. La Junta Militar, que administra el país desde 1962, no ha permitido la entrada internacional porque considera a los miembros de la ONU aliados de Aung San Suu Kyi, líder de la oposición y Premio Nobel de la Paz a la que han mantenido retenida, con discontinuidad, más de 13 años. Aung San debería haber gobernado Myanmar, ya que tras un referéndum popular en 1990 consiguió una amplia mayoría. Sin embargo, tras él los militares no abandonaron el poder. Ahora, ni siquiera suspenderán en la totalidad del país el referéndum previsto para mañana, y sólo lo aplazarán en la mitad del país que está desvastado. Un referéndum que lo único que pretende es un cambio de la Constitución para afianzar aún más su poder político.
Desde el principio, además de la ayuda de sus amigos Tailandia, India y China, Myanmar aceptó la de las Naciones Unidas, pero no a su personal especializado que debe valorar la situación sobre el terreno. Un avance, ya que en 2004 tras el tsunami no admitieron apoyo alguno. Ayer aviones de la ONU y de la Cruz Roja pudieron aterrizar en Yangon, la antigua capital birmana. Además, EEUU confía en que acepten la llegada de 4 aviones cargados de ayuda. Sin embargo, esta apertura se hace demasiado tarde. Los días iniciales tras una catástrofe son cruciales, y éstos han pasado ya. Además, la ONU acusa al gobierno militar de apropiarse de 38 toneladas del apoyo humanitario ya enviado.
El hermetismo al que está sometida la sociedad birmana sale así una vez más a la luz. La Junta Militar, que administra el país desde 1962, no ha permitido la entrada internacional porque considera a los miembros de la ONU aliados de Aung San Suu Kyi, líder de la oposición y Premio Nobel de la Paz a la que han mantenido retenida, con discontinuidad, más de 13 años. Aung San debería haber gobernado Myanmar, ya que tras un referéndum popular en 1990 consiguió una amplia mayoría. Sin embargo, tras él los militares no abandonaron el poder. Ahora, ni siquiera suspenderán en la totalidad del país el referéndum previsto para mañana, y sólo lo aplazarán en la mitad del país que está desvastado. Un referéndum que lo único que pretende es un cambio de la Constitución para afianzar aún más su poder político.
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